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Que la energía
eléctrica se ha
convertido en un bien esencial
e imprescindible para nuestras
sociedades del siglo XXI es algo que nadie pone en duda.
Su producción, que hasta hace unas décadas había
pasado desapercibida para la mayoría de las personas, está
comenzando a ser fruto de
intensos debates.
El aparente resultado de éstos
es una tendencia creciente a
considerar que la solución del
asunto vendrá de mano de las
fuentes de energía renovables.
Un análisis realista indica que
por muchos esfuerzos que se
hagan, actualmente es difícil
sobrepasar cuotas de
participación del 20% de estas
energías.
Y ello porque incluso las energías renovables tienen sus aspectos
negativos, como la ocupación del terreno de la solar e hidráulica
o los impactos visuales de la eólica. Y ello por no citar otros
aspectos estrictamente
técnicos como la dificultad de su gestión, al ser el recurso
renovable difuso, aleatorio e
intrínsecamente no gestionable.
Para colmo los últimos datos del Estado español respecto
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emisiones de gases
de efecto invernadero no son nada halagüeños.
Según los datos del balance
eléctrico del año 2004 la
producción térmica estatal con carbón fue de 76.000
millones de kWh.
Pues bien, y dado que una Planta de Ciclo Combinado como la de Amorebieta
emite
aproximadamente 500 gramos de CO 2 menos por kWh producido que una de
carbón, si esos 76.000 millones de kWh
producidos en térmicas de
carbón hubiesen sido producidos en plantas de ciclo combinado
se hubiesen dejado de emitir 38
millones de toneladas de CO 2 a la atmósfera.
Así las emisiones totales del 2004 del sector elétrico
(145 millones de toneladas de CO 2 ) se hubiesen reducido a 107.
Por ello, insistimos, plantas como las de Amorebieta, Zierbena y Santurce,
son idóneas en la transición hacia modelos aún
más sostenibles.
Jacinto Lobo
Director General de Bizkaia Energia
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